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Panorámica de las tierras al sur y al oeste de Torrejoncillo del Rey, desde el cerro de La Atalaya |
Hazañas bélicas de carlistas y
cristinos por nuestras tierras una vez fallecido el monarca Borbón, y ya con su
cuarta esposa y sobrina, viuda, la Reina gobernadora Mª Cristina, en la
Regencia de la Nación. Hazañas como las de D. Zacarías Rujeros de la
partida del capitán Palillos y el teniente de cazadores de la Guardia
Real D. Esteban Urrea Portillo, que al mando de sus respectivas tropas realizaron
incursiones por el término, en esta cruenta guerra de largas marchas y
contramarchas entre perseguidos y perseguidores, donde sólo el terreno era
capaz de escamotear una victoria o profesar una terrible derrota, ante
cualquier giro inesperado para vadear un cauce, atravesar un barranco, o el avistamiento
oportuno e indiscreto desde los innumerables cerros que pueblan la Alcarria, a la
tropa enemiga.
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Asesinato de García de la Parra. Capítulo VI. Enero – diciembre de 1838. Tomo XIV Historia del Tradicionalismo Español. Melchor Ferrer Dalmau (1888-1965). |
O la expedición fulminante en el invierno de 1837 del capitán carlista D. Juan de Dios Polo y Muñoz de Velasco desde Daroca a Brihuega previo paso por Huete, 50 leguas recorridas en apenas unas semanas, donde en ese primer artículo fantaseaba con la hipótesis que en el trascurso de esta la larga marcha de incursión al norte de Castilla la Nueva del faccioso, pasaría por Torrejoncillo y destruyera los registros civiles del Ayuntamiento.
Estas acciones no serían las únicas en las que, a
lo largo de los siete años que duró la 1ª guerra carlista (1833 – 1870), el
territorio de Torrejoncillo del Rey y sus ciudadanos se verían involucrados, con
lo que con esta continuación a mi relato trataré de exponerlas y detallarlas, para
seguir aportando modestamente datos a la historia del pueblo tal y como
prometía al finalizar mi anterior artículo al grito carlista de ¡Dios,
Patria, y Rey!
Antes de continuar con los documentos estudiados,
donde saldrán a la luz relevantes personajes que atravesaron nuestro término, protagonistas
de esta época tan transcendente de la historia de España, la del siglo XIX, como
“El Tigre del Maestrazgo”, el general Ramón Cabrera; o el general jienense,
casado en Huete, Miguel Gómez y su asombrosa expedición que recorrió de
parte a parte España en tan sólo seis meses, perseguido por todo el ejército
cristino; o el mismísimo pretendiente, el rey Carlos V en su Expedición
Real hacia Madrid desde Estella (Navarra); me gustaría abordar brevemente la
cuestión sucesoria y apuntar alguna notas personales.
La línea sucesoria fue vulnerada interesadamente
por el rey Fernando VII con La Pragmática Sanción, en marzo de 1830, ante
el embarazo de su esposa, su sobrina la reina Mª Cristina y a fin de proteger
los derechos de una posible descendencia femenina, como así ocurrió con el
nacimiento de Isabell II.
Esa línea sucesoria vigente se establecía por la
Ley “semi-sálica[i] (las mujeres sí se les permitía reinar, con pocas posibilidades
en verdad, ya que únicamente sería posible en el caso de que se extinguieran
los herederos barones de la línea principal o lateral) desde su promulgación en
1713 con el concurso de las Cortes, por el también Borbón rey Felipe V, y ante
la ambigüedad de la fórmula anterior, que establecía que el nuevo rey debería
ser “el pariente más propincuo” es decir más cercano.
Se pretendía por
este nuevo acuerdo en el reinado del primer Borbón, que no volvieran a suceder el
caso del último rey de los Austrias, Carlos II, que falleció sin descendencia,
y motivando la guerra civil de sucesión española entre los partidarios borbónicos
de Felipe de Anjou y los partidarios austracistas del Archiduque don Carlos,
enfrentamiento internacional que duró desde 1703 hasta 1713, con los tratados
de Utrech, si bien en Cataluña se prolongó hasta 1714, y en Mallorca hasta 1715;
y que como sabemos, daría como vencedores a los Borbones, comenzando entonces su
nueva dinastía en España.
Esta derogación de la línea sucesoria por el rey felón en marzo de 1830 pretendía volver así a la tradicional norma jurídica española de las Siete Partidas de Alfonso X (1221-1284), rescatando la Pragmática Sanción que su padre, el rey Carlos IV, pretendió llevar a cabo sin éxito en 1789, ya que no llegó a aplicarse, porque si bien estuvo aprobada por las Cortes de Castilla, por motivos estratégicos y políticos de la época, en plena Revolución Francesa, no fue nunca publicada, y por tanto no llegó a entrar en vigor.
En este escenario de leyes y derogaciones que de manera interesada y
sin el menos pudor político rompía el ordenamiento jurídico, es revocada de
nuevo la ley sucesoria en septiembre de 1832, a las puertas de su muerte de
Fernando VII, volviendo al statu quo tradicional desde principios del siglo
XVIII, y conscientes del peligro inminente de
una guerra civil por esta ruptura jurídica, y ante la reclamación legítima del
trono por el infante Carlos Mª Isidro frente al de la niña Isabel. (En
el momento que escribo estas líneas, día de la Almudena de 2023, se está perpetrando
la enésima felonía en España, donde una supuesta mayoría popular, según el
relato mediático oficial, quiebra nuevamente la convivencia de la Patria con otra
“pragmática”, la ley de amnistía, espuria, acompañada de otros oscuros acuerdos
de intereses facciosos, -200 años después-, ilegal, provocadora y violenta).
Poco duraría esta
situación, pues unos días después, fue abrogada la manida ley
con la sanción nuevamente de La Pragmática, tras la anécdota de la bofetada
de la hermana de la Regente, Luisa Carlota de Borbón – Dos Sicilias (Nápoles
1804 – Madrid. 1844) al ministro de mayor confianza del Rey, D. Francisco Tadeo
Colomarde (Villel-Teruel 1773 – Toulouse-Francia 1843), en lo
que serían conocidos como los sucesos de La Granja. El intrigante Colomarde,
principal valedor entre otros personajes de la camarilla del Rey para restablecer
la Ley Semi - Sálica como un último intento por evitar la guerra, tendría
que huir novelescamente al sur de Francia. Después de la bofetada, llegaría el
bofetón a todos los españoles de la guerra civil por estos tejemanejes
sucesorios, la 1ª de las conocidas como guerras carlistas.
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D. Francisco Tadeo Colomarde. Museo del Prado. Vicente López Portaña |
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Luisa Carlota de Borbón – Dos Sicilias |
¿Pero, sería ésta, la cuestión sucesoria, el principal motivo de la guerra civil, iniciada en octubre de 1833 en Talavera de la Reina por el funcionario de correos Manuel Mª González a la muerte del monarca al grito carlista?; ¿se trató en verdad de una guerra, aun tan caricaturizada y tergiversada en el relato actual, entre un puñado de españoles ultramontanos, facciosos, reaccionarios e intransigentes frente a legión de real vulgo liberal, tolerante y democrático?
La verdad, sin ánimo de entrar con este relato
en una breve historiografía de la época, entre otras cosas por considerarme un
mero aficionado, un lector entrelíneas de la historia, y si bien el fenómeno
dinástico fue el motivo principal o desencadénate de la confrontación fratricida,
es que tras el “grito de ¡Viva Don Carlos V! estaba media España, o quizás casi
toda España”[ii], iniciándose una larga historia -lo que
comparto-, aún hoy no concluida; alargando -como pienso-, hasta hoy, esta
guerra civil decimonónica, como la 1ª que nos ocupa, entre “liberales y
carlistas”.
Porque si las tres guerras carlistas: 1833-1840, 1846-1849 y 1872-1876, evidentemente incorporan el elemento dinástico, ya desde la revolución liberal iniciada en el siglo XVIII, se produce en España una resistencia antiliberal ante la amenaza de la Revolución Francesa, con una sucesión de conflictos durante todo un siglo, con el hilo conductor del “Dios-Patria-Rey” como tradición política, como fueron la guerra de Convención o guerra del Rosellón (1793-1795), la guerra de la independencia, (1808-1814), la guerra realista de 1820, hasta su fin con la batalla de Trocadero en Cadiz en 1823, con la irrupción en España de los “Cien Mil Hijos de San Luís”, y que daría pie a la década ominosa; la guerra de los agraviados o “malcontents” (1827); los pronunciamientos liberales de José María de Torrijos y Uriarte en 1831 o de Baldomero Espartero en 1840; y las citadas tres guerras carlistas.
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Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga. ANTONIO GISBERT PÉREZ. 1888. Museo del Prado |
Creo que es incuestionable que la disputa entre estos
dos campos, el de la revolución y la tradición, va más allá de la simple protesta
legitimista por parte de los tradicionalistas, que desde el Manifiesto de
los persas (1814) ya venía impulsada por un conjunto de “ideales detrás y
con los que estaban inextricablemente unidos”, siendo “la continuidad venerable
de la tradición hispánica” el eje vertebrador de estos principios, semilla del tradicionalismo
carlista, donde en el libro La sociedad estamental y sus enemigos, del Doctor
por la Universidad Complutense de Madrid, José Miguel Gambra, podemos entender
en el momento actual el significado de este movimiento.
El historiador Alfonso Bullón de Mendoza,
en su libro sobre La Expedición Real, escribe al respecto: En la
España del siglo XVIII habían convivido pensadores tradicionales e ilustrados.
Defendían los primeros lo que consideraban el espíritu y costumbres seculares
de nuestra patria, encarnados en la conciencia evangelizadora que había impulsado
el imperio de los Austrias, la limitación del poder real preconizada por la
escuela jurídica del siglo de oro, y las libertades propias de los diversos
reinos concentrados en el monarca. Los ilustrados, fuertemente influenciados
por el pensamiento francés, creían en la supremacía de la razón, la soberanía absoluta
del monarca y la centralización del Estado. Tras la Revolución francesa, parte
de los miembros de este grupo se sintió compenetrado con su espíritu y con sus
hechos, mientras que otros se enfrentaron a ella con todos los medios a su
alcance. Por ello, cuando a la muerte de Fernando VII Mª Cristina se apoye en los
liberales para defender el trono de su hija, un amplio sector de
tradicionalistas e ilustrados cerrará filas en torno a don Carlos, olvidando
sus no pequeñas diferencias.
Cierro aquí este largo paréntesis para volver al
término de Torrejoncillo del Rey y tratar de rescatar las huellas de la primera
guerra carlista, pero si me gustaría concluir que el levantamiento popular que
llevo a la confrontación civil más larga de la España del siglo XIX, evidentemente
no se trató únicamente de una guerra en defensa de una legitimidad dinástica, “donde
se ha dicho prácticamente de todo (…), desde que es un movimiento de las clases
privilegiadas en defensa de sus intereses, a que es una revuelta social en
contra de las clases privilegiadas”[iii], sino que se trató de una pugna ideológica, una
confrontación política secular de dos formas de sentir España, y de la que
Torrejoncillo del Rey una vez más no fue ajeno, ni estuvo extraído del
conflicto, si bien, sin casos de renombre por los que he podido investigar.
Recorto y pego a continuación algunas muestras
de cómo el pueblo de Torrejoncillo del Rey participó en la contienda de uno u
otro bando con recortes de noticias y anuncios aparecidos en el Eco del comercio
-periódico fundado en mayo de 1834 por el barajeño Fermín Caballero- la Gaceta
de Madrid, o publicaciones históricas, algunas de estas informaciones, si
bien es verdad de la 3ª guerra carlista, pero que de alguna manera vienen a constatar
como la pugna ideológica también se manifestó en el pueblo con estas guerras
civiles.
En esta información de la época vemos como muy
poco después del final de la 1ª guerra, en septiembre de 1840, en Torrejoncillo
del Rey se constituyó una Junta Local de “Ayacuchos” torrejoncilleros, con un
manifiesto y escrito público de adhesión al pronunciamiento revolucionario del
general Espartero, y que adjunto íntegro por lo interesantísimo de su contenido.
Antecedente liberal, a como el pueblo contaba con una Compañía de Milicia, la
2ª del distrito de Huete de la Milicia Nacional -Palomares del Campo, sería al 6ª-;
y que en agosto de 1836 acudieron ambas compañías en auxilio de la capital ante
la amenaza de la inminente llegada del general Gómez para la pretendida toma de
Cuenca, como ahora veremos. Hay que resaltar que la Milicia nacional fue tan
protagonista de la revolución liberal como pudieron ser las distintas facciones
políticas.
Anuncios de subsidios del Estado a madres y viudas de milicianos y militares torrejoncilleros caídos en combate por la causa cristina; o de partidarios de Don Carlos huidos y perseguidos por la justicia. En Horcajada de la Torre, hubo disturbios con heridos en 1869 entre partidarios de ambas facciones, antes incluso de la 3ª guerra carlista. En definitiva, ejemplos de la existencia de “liberales y carlistas” en nuestro pueblo y comarca, y su participación en las contiendas decimonónicas por la defensa de sus ideales, a favor de la Reina Isabell II en el nombre de su madre como Regente por el lado de la revolución liberal y el constitucionalismo de 1812, o de Don Carlos por el lado del legitimismo y de la tradición hispánica.
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Quijotada Carlista. Augusto Ferrer – Dalmau |
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Anuncio del Manifiesto de adhesión al pronunciamiento de Espartero (Príncipe de Vergara, y Duque de la Victoria) de 1840, por la Junta Revolucionaria de Torrejoncillo del Rey. Eco del Comercio. 07/10/1840. Anuncio de busca y captura de Carlistas de Torrejoncillo del Rey, en la 3ª Guerra. Gaceta de Madrid 07/02/1874; Texto de la Historia del Tradicionalismo español. Tomo 23 – Capítulo V. Melchor Ferrer sobre Incidentes entre Carlista y Liberales en Horcajada de la Torre, previos a la 3ª Guerra Carlista. 1869; y Anuncios de donativos en ptas. en Torrejoncillo del Rey de la Caja de Inútiles y Huérfanos a familiares de caídos en la 3ª Guerra Carlista. Gaceta de Madrid. 18/07/1877 |
Pero volvamos al terruño. Dejamos atrás estas disputas ideológicas y regresemos a nuestra historia local, en concreto adentrémonos por tierras del Cid, en la comarca de Jadraque, aclimatados a la canícula de agosto de 1836, y veremos como el pueblo de Torrejoncillo del Rey despertaría convulso, y tendría que dejar las labores de cosecha propias de la época de final de verano, con las campanas tocando a rebato y movilizando a su Milicia, ante la alarma por el inminente asalto del general carlista Miguel Gómez Damas (Torredonjimeno, Jaén, 5.VI.1785 – Burdeos, Francia, 16.VI.1864) a la ciudad de Cuenca y sus pueblos.
Este general carlista asestó en la localidad de Matillas, en las inmediaciones de Jadraque, un duro golpe a las tropas cristinas, en una batalla donde caería prisionero el Brigadier Narciso López, Comandante General de la provincia de Cuenca. El expedicionario, tras su victoria, llega a Brihuega, y decide marchar sobre Cuenca, y ante la amenaza de tomar la ciudad y pueblos de la provincia, el 31 de agosto de 1836, ante esta previsión del inminente asalto, se conforma la Junta Superior de la Provincia presidida por el Comandante General Interino Miguel Hidalgo, en sustitución de su jefe hecho prisionero, poniendo en alarma la Milicia Nacional de los pueblos limítrofes, entre ellos Torrejoncillo del Rey.
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Retrato del general Miguel Gómez Damas del Pintor David padilla para “presencias andaluzas” de Víctor Márquez Reviriego |
Como he comentado, el general Gómez protagonizó con su Expedición una de las incursiones más soberbias de toda la primera guerra carlista. Gómez, era uno de los más ardientes preconizadores de un sistema que consistía en enviar columnas militares al interior de la Península para que establecieran la guerra en otros lugares como ya se estaba desarrollando el Norte, y así, recibió el encargo de ponerse al frente de 2.700 infantes y 180 jinetes para dirigir la guerra en Asturias y Galicia, por lo que su fuerza adoptó el nombre de Ejército Real de la Derecha.
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Mapa de la Expedición de Miguel Gómez, entre otras de la 1ª Guerra carlista |
Esta expedición saldría de la localidad de Amurrio el 26 de junio
de 1836, y finalizaría con su encarcelamiento según sumaria abierta por diversos
cargos en Urquiola en 1837, no sin antes atravesar Asturias y Galicia, tomando
Oviedo y Santiago, Palencia en Castilla La Vieja, Matillas cerca de Jadraque en
Guadalajara, en la acción de agosto de 1836 que he comentado, para
definitivamente bordear Cuenca, ante la imposibilidad de la toma de la ciudad,
fuertemente defendía, entre otras, por la 2ª Compañía de la Milicia Nacional del
distrito de Huete de Torrejoncillo del Rey que atendió la llamada de la Junta
Provincial, y, disuadido, dirigirse hacia Utiel, donde se le uniría el general Cabrea,
el tigre del Maestrazgo. Así narraba esta acción, el Eco del Comercio del
16 de septiembre de 1836:
Desde Utiel, se adentró en la provincia de Albacete tras el fracaso de la toma de Requena, y derrotado nuevamente en Villarrobledo, dada por desmanteladas sus tropas por el gobierno, marcharía a Andalucía, previa toma de Almadén y de Cáceres en Extremadura, se haría con la ciudad de Córdoba, y llegando hasta la mismísima punta de España, Gibraltar; y todo este periplo bélico acosado por 20.000 hombres a las órdenes de generales de relevancia del ejército cristino, experimentados en las guerras de emancipación hispanoamericanas, de la talla de José Ramón Rodil, Isidro de Alaix, San Miguel, Ramón María Narváez o el mismísimo Baldomero Espartero.
Aun así no pudo conseguir su propósito de establecer la guerra en Andalucía, a pesar de mantener una base más o menos estable en Ronda, y tras una correría que había sido seguida con el máximo interés en todos los países de Europa, dejando en evidencia la incapacidad del ejército cristino, así como lo difícil que resultaba para una pequeña columna alejada de sus bases establecer la guerra en otros lugares ante la persecución de fuerzas muy superiores; y tras el fracaso político, iniciaría un rápido regreso hacia las provincias del norte, donde la comarca de Torrejoncillo del Rey no se vería excluida de su retirada. Efectivamente, atravesando los términos de Torrubia del Campo, Villarrubio, Uclés y Alcázar del Rey, el 7 de diciembre se adentra en Huete, donde hará estancia para abastecer a su ejército y herrar los caballos, saliendo un día después hacia Buendía, por Garcinarro y Jabalera; finalizando su periplo unos días después en Orduña, después de 5 meses y 24 días de Expedición, y haber recorrido más de 800 leguas.
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Ultimo paso del general Miguel Gómez por Castilla la Nueva. Capítulo X. 1836. Tomo XII. Historia del Tradicionalismo Español. Melchor Ferrer Dalmau (1888-1965). |
Para cerrar la expedición de Miguel Cabrea, digna de una
película de aventuras, querría destacar también, que el apuesto general estuvo
muy vinculado a la ciudad de Huete, alojándose por primera vez en esta villa con
su regimiento a principios de siglo XIX, sobre 1812, en los últimos años de su
primera instancia en el ejército, y, enamorado, contraer matrimonio con una
óptense. Así lo relata el historiador Bullón de Mendoza, en su libro Expedición
del General Gómez, de la colección Biblioteca de visionarios, heterodoxos y
marginados, de la editorial Biblioteca Nacional: “En estos años paso a Huete
con su regimiento, alojándose en la casa de doña Mercedes de la Encina, viuda
de Diego de Parada, apodada “la soberana”. Al parecer, la dueña de
la casa contrajo esperanza de que Gómez se desposara con ella, por lo que se
opuso rotundamente cuando éste le pidió la mano de su hija, doña Vicenta de
Parada (…), con la que finalmente se casó en la madrileña iglesia de san
Martín a principios de diciembre de 1815”; y no sin antes someterse, para
ampliar la biografía de Miguel Gómez con otro suceso, éste en “papel cuché”, a
una investigación sobre su conducta por la falsa denuncia de “la Soberana” ante
la jurisdicción militar, en un ataque de celos de su propia hija. ¡Caray con la
viuda! Nuestro héroe moriría en Burdeos en 1864, solo y fiel a la causa
carlista.
Hay que considerar que los movimientos
de las tropas carlistas eran desordenados, en machas y contra marchas, con diversas
partidas de guerrilleros que avanzaban a la estela de las expediciones
recorriendo extensas comarcas con movimientos imprevistos, efectuando sus
capitanes incursiones en pueblos y villas para la toma de voluntarios, avituallamientos
o atención para los enfermos y heridos en combate, requisas, u operaciones de
castigo contra los liberales; y no sería extraño, me aventuro a escribir sin rigor,
que jinetes carlistas, seguidores del Miguel Gómez, se adentrara en nuestro
pueblo, uno de los más importantes en esta época de la comarca, a su paso por
Huete, antiguo Alfoz de Torrejoncillo de Rey, en su huida desesperada.
O, bien al contrario, adentrarse en Torrejoncillo tropas del
ejército cristino, al mando de Alaix o San Miguel, a la busca y captura de los facciosos,
ante la constante confusión de comunicaciones que en esta guerra se produjeron.
Así, por ejemplo, el historiador Antonio Pirala, en su Historia de la
Guerra Civil, escribe como San Miguel envía “sin dilación” tras las órdenes
recibidas, tres batallones a Huete desde Teruel, en el mes de octubre de 1836, ¡cuando
la Expedición de Gómez entraba en Trujillo!, que bien podrían haberse
abastecido en nuestro pueblo, siguiendo las vías de comunicación de la comarca,
donde el pueblo disponía de importantes vías de comunicación de entrada a La
Mancha Alta, desde la Serranía y la Alcarria, o desde Valencia por el Camino
Real desde Palomares del Campo, hacia Urbanos y Huete, en dirección a la capital
de España.
Por esto considero que, si bien no he
encontrado noticas sobre sucesos relevantes relacionados con esta 1ª guerra carlista
en nuestro pueblo, siendo los más destacados referidos a la ciudad de Huete, dados
los abundantes y continuos movimientos y contra movimientos de las tropas de uno
y otro bando por la Alcarria a su paso hacia ambas Castillas, sin fronteras
definidas, que Torrejoncillo del Rey por su cercanía a Huete, por su importancia
en esta comarca como un núcleo de población de entidad, y por su situación
estratégica, de paso, estimo que de una manera u otra no fue ajeno a la contienda,
bien al contrario, a pesar de la ausencia de relato, de narrativa de la guerra
carlista sobre nuestro pequeño pueblo alcarreño -¡con tantísima historia contenida
entre sus muros de aljez!-, considerando, ésta, una investigación precaria, muy
personal y entusiasta, sin autoridad histórica, osada, pero suficiente para tal
intuición por los datos encontrados.
He alargado en exceso este segundo
relato sobre la 1ª guerra carlista en Torrejoncillo del Rey, enfrascado apasionadamente
en la expedición sobre el general Miguel Gómez. Aún quedarían por relatar, y
que reservo para una nueva entrega, La Expedición Real de Don Carlos,
por el Camino Real de Valencia a Madrid, al asalto de la Corte, a su paso por
las inmediaciones de nuestro término, o las incursiones en la Alcarria de los
generales Manuel Cabrera o Basilio Antonio García, como las de muchos otros
protagonistas de estas guerras carlistas, civiles. Sistema de expediciones de pequeñas
columnas, característica de la primera guerra, con la pretensión de levantar en
armas a los muchos partidarios del pretendiente, como hubo en tantos pueblos de
ambas Castillas, sin excepción. Relatos sin duda interesantísimos para los curiosos
de este siglo crucial en la historia de España y su transcurso por
Torrejoncillo del Rey, y de la que, de una manera u otra, sus consecuencias sociales,
políticas, sentimentales…, aun hoy arrastra el subconsciente español. “¡Mas Excmo.
Sr, los hombres no pueden hacerse superiores a las circunstancias!”. Continuará.
En Cuenca, a 28 de noviembre de 2023,
en capilla para una nueva batalla personal.
Carlos Cuenca Arroyo.
http://dbe.rah.es/biografias/8872/luisa-carlota-de-borbon-y-borbon
https://www.abc.es/tecnologia/redes/20131212/abci-bofetada-cambia-historia-201312120939.html
http://dbe.rah.es/biografias/14555/miguel-gomez-y-damas
https://www.museodelprado.es/
http://www2.ign.es/MapasAbsysJPG/12-L-57_01.jpg
http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/Hist_Normas/PapHist/Regen/RegMCris
https://augustoferrerdalmau.com/
http://www.abc.es/historia
http://dbe.rah.es/biografias/
https://dbe.rah.es/biografias/14661/evaristo-jose-fernandez-san-miguel-y-valledor
https://dbe.rah.es/biografias/7328/isidro-de-alaix-y-fabregas
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https://dbe.rah.es/biografias/6787/ramon-maria-narvaez-y-campos
https://www.todocoleccion.net/
http://www.villardecanas.es/historia/carlistas.pdf
A los 175 años del Carlismo. Una revisión de la tradición política Hispánica. 2011. Miguel Ayuso y VV.AA.
Historia de la guerra civil, y de los partidos liberal y carlista. Antonio Pirala
El carlismo en la conspiración y guerra de España. Miguel Ayuso Carlismo y tradición política hispánica. Miguel Ayuso
La sociedad tradicional y sus enemigos. 2019. José Miguel Gambra
LA FUERZA DEL CARLISMO EN LAS ZONAS RURALES DE CUENCA CUESTIONES Y DUDAS POR ESCLARECER. David Gómez de Mora
APUNTES SOBRE FAMILIAS CARLISTAS DE HUETE. David Gómez de Mora.
Dª Blanca. Una reina sin corona bajo el carlismo. 2010 Miguel Romero
Voluntades y pasiones en la España del siglo XIX. Mª Cristina de Borbón e Isabel II, reinas de corazones. 2019. Miguel Romero.
Las guerras carlistas en tierra de Cuenca, 1833-1876. 1993. Miguel Romero.
El saco de Cuenca. 2010. Miguel Romero.
Las guerras carlistas. Los escenarios bélicos. José Ramón Urquijo Goitia.
Síntesis de la evolución de las normas de sucesión al trono en la monarquía española. 2019. RAFAEL MARCOS PARDO
[¡¡¡] Auge y ocaso de Don Carlos. La Expedición Real. 1986. Alfonso Bullón de Mendoza.