En los dos últimos artículos que he venido escribiendo, el del mes de abril del pasado año sobre el silo (El almacén del “oro cereal” de Torrejoncillo del Rey. El Silo), y el de los pilones en el otoño de este recién finalizado 2021 (Pilares urbanos de Torrejoncillo del Rey), han sido numerosas las veces que he nombrado el yeso.
En estas dos historias sobre antiguas construcciones tan singulares
del pueblo, han sido distintas las formas de referirme a este elemento que
forma la base geológica de su territorio, de nuestro pequeño país, pues
el yeso en Torrejoncillo no sólo caracteriza gran parte de su término desde este
punto de vista geológico al pertenecer a la España yesífera, sino que configura
de una manera preferente su paisaje, la
arquitectura popular, su flora y fauna, sus cultivos, y hasta la climatología, pudiendo
decir que gran parte de su territorio está conformado con características
geográficas y culturales propias de esta zona dentro de la provincia y la
propia comarca.
Torrejoncillo del Rey junto con sus pedanías forman parte de
la comarca conquense de la Alcarria, pero cuando el municipio se abre al sur
siguiendo las fuentes del río Gigüela, por el contrario será la comarca
de la Mancha Alta la predominante, de aquí este licencia literaria que me
permito lejos de cualquier connotación nacionalista, pues el paisaje de todo el
valle alto del Gigüela parece contemplar una identidad propia que traspasa las
fronteras de una u otra comarca, y cuyo nexo común, diluidas las tradiciones
como elemento de conexión de este país imaginario en la sociedad moderna
de la España urbana, presentes sólo ya en la memoria de los mayores, es el yeso
tradicional, la resistencia del aljez, el último vestigio de unión de esta
entidad ficticia. Sirva como metáfora.
Sobre esta unidad de las tradiciones populares en toda la
cabecera del Gigüela, sobre la semejanza de ellas en los lugares por los que su
curso atraviesa, incluido el propio Torrejoncillo del Rey, no vamos a detenernos,
pues son tantas y variadas las motivaciones comunes: culturales, etnográficas,
gastronómicas, musicales, etc…, que requeriría un trabajo demasiado amplio, que
claro está se escapa del objeto de este artículo, y esencialmente del
conocimiento de quien escribe. Sirvan como ejemplo los motivos religiosos, como
son la danza, las endiabladas, las romerías, las mayordomías, los dichos y
chascarrillos, ¡la Tarasca, en san Blas!, pero tan vinculada a la fiesta del
Corpus…, y cómo se reproducen a lo largo de este río que nos une de forma casi
idéntica. El historiador y sacerdote Vicente Malabia Martínez en su
estudio La Danza de David ante el Arca. Orígenes Religiosos de la Danza
(Ed. Universidad CLM y del Ayuntamiento de Almonacid. 2006) describe
magníficamente este nexo común, y a su escrito emplazo a los curiosos. Por
tanto, dejo el patrimonio cultural inmaterial del país imaginario de las fuentes del río Gigüela para otros
escritos, y una vez más os invito a pasear por el pueblo y sus alrededores, y
observar con detalle el paisaje tangible de yesos que nos rodea.
Entiéndase la palabra yeso en sus múltiples significados,
pues no sólo me refiero a ella en la acepción de mineral con su correspondiente
compuesto químico, sino también como he citado al propio aljez o roca
sedimentada, o al producto en polvo obtenido tras su transformación con sus
técnicas más tradicionales como más adelante trataré de explicar, o como el resultado
final endurecido tras su transformación en sus diversas aplicaciones, así los
yesones o cascotes utilizados para la construcción de tabicones entre algunos
de sus muchos uso. Y aquí en Torrejoncillo, como en otras localidades que han descubierto
este tesoro cristalizado escondido bajo la tierra, también con la acepción de yeso
especular o espejuelo -lapis specularis-; quizás la riqueza mayor de la
que hoy dispone el pueblo con el ejemplo de la mina romana de “La Mora
Encantada” (Guía de La Mina Romana de
LAPIS SPECULARIS de “La Mora Encantada”. Torrejoncillo del Rey. María José
Bernárdez Gómez y Juan Carlos Guisado di Monti. 2015) para la antigua extracción
de este mineral, no sólo por este interés geológico y minero, sino etnográfico,
patrimonial, cultural en su sentido más amplio, también como generador de
riqueza y ayuda a paliar los efectos de la “España vacía” (La España vacía:
Viaje por un país que nunca fue. Sergio del Molino. 2020).
Pues bien, allá por dónde paseemos, bien fijemos la vista al suelo por el que caminamos, alcemos la mirada para observar las construcciones tanto urbanas como las de labor o ganaderas: antiguas fincas, desde la más humilde a las casonas, tapias y muros, corrales, caseríos, apriscos, chozos, palomares, pilones, taludes…, o la elevemos al horizonte para ver el paisaje yesífero en gran extensión, comprobaremos que Torrejoncillo del Rey es un pueblo de aljez; un lugar en el que parece no haber transcurrido el tiempo en su paisaje y arquitectura popular durante siglos, claro está con el trabajo creativo de eliminar de nuestro magín la roturación desmedida en este caso de calveros, las recientes pinadas que salpican los cerros, la necesaria gran obra pública si el paseo transcurre por caminos y sus campos, y los espolios y desmanes urbanísticos con la invasión de materiales constructivos ajenos a esta forma de edificación tradicional si el caminar es urbano. Sin olvidarnos del abandono de las antiguas construcciones tradicionales citadas, gran parte en ruina o ya desaparecidas. Sí, desechados de nuestra retina estos avances y retrocesos contemporáneos, el pueblo y su territorio parecen parados en el tiempo, anclados en un mar de yeso.
En la introducción del interesantísimo “Estudio del yeso
tradicional en España. Yacimientos, canteras, hornos y la arquitectura
tradicional, su estado de conservación y propuestas de itinerarios visitables
para su revalorización y difusión (2016)” de la Dra. Vincenzina La Spina
de la Universidad Politécnica de Cartagena, podemos leer: “Una de las
principales características de la arquitectura tradicional es el uso de los
materiales locales y de las técnicas constructivas a ellos ligados, es decir de
aquellos recursos naturales más próximos empleados buscando la mejor adaptación
técnica y arquitectónica a las condiciones climáticas del territorio. Se crea así una relación bidireccional entre el edificio y
el paisaje, por una parte el edificio se construye con materiales vinculados con
el paisaje, su geología, sus cultivos, o su climatología y por otra parte el
edificio se integra en el paisaje porque está construido
con materiales extraídos del mismo”. Este impresionante y
completísimo estudio, al que me referiré en varias ocasiones a lo largo de este
artículo, disponible en la red y al que podemos acceder sencillamente a través
de la web del Ministerio de Cultura y Deportes, nos ilustra como en Torrejoncillo
del Rey y gran parte de este país situado entre la comarca de la
Alcarria y la Mancha Alta del que hablo figuradamente, se crea una relación
bidireccional entre el edificio y el paisaje, con el yeso en sus diversas
formas de presencia que he enumerado como el material local por excelencia, y que
es la base de nuestra arquitectura tradicional, nuestro símbolo de identidad.
Si en la Alta Alcarria, como en las localidades de Priego, Buendía,
Garcinarro, o la cercana ciudad del antiguo concejo o alfoz, Huete, por citar
sólo algunas, el material que suministraba el territorio es la piedra de arena
o arenisca, principalmente en colores ocres y pardos, y junto a la madera y la
tierra forman parte en gran medida de los principales elementos de su
arquitectura tradicional, claramente será la piedra caliza y la roca sedimentada
o aljez extraída de nuestro propio territorio el material esencial en las
construcciones tradicionales de Torrejoncillo del Rey. Junto con la madera, y
el polvo de yeso, también mezclado en tierra para el mortero de las
mamposterías, configuran el paisaje gris de las localidades de la vega alta del
Gigüela, tan sólo roto este color plomizo por los refulgentes encalados
exteriores, que nos hacen agachar y apartar la mirada de las fachadas en los claros
días de verano, o las tintadas de colores: añiles, amarillos, rojos y ocres, en
el agua de amasado del polvo de yeso que lucían en menor medida algunas casas.
Aún recuerdo mi casa familiar de la plaza de la Salud, con
los pavimentos de yeso y los tabiques de las salas y habitaciones con tintadas
de estos colores, y que obligaban al pintado de mantenimiento anual, o que
hacían inútil el barrido de la casa, pues nunca se terminaba de sacar polvo del
suelo sin pulir como en la gran parte de las casas modestas del pueblo o
estancias que no fueran principales, donde no era común la presencia de
baldosas de barro o las bonitas baldosas hidráulicas tan apreciadas hoy en día,
con tanta variedad de diseños en dibujos y colores diversos, como aún prevalecen
en algunas de estas casas antiguas.
Cuando camino por el pueblo, siempre me ha atraído ver y
fotografiar las casas en ruina o desahuciadas, o aquellos solares en los que se
ha producido un derribo para la edificación de la futura vivienda unifamiliar,
moderna, al gusto urbanita y eficiente, y completa de nuevas comodidades;
observar las fachadas quebradas y los forjados partidos y rotos, por los que a
través de sus hendiduras también permiten la vista de las modestas habitaciones
y los restos de mobiliario, con sus techos y tabiques semihundidos sobre estos antiguos
y sencillos enseres desechados en la mudanza última o postergados tras el cierre
definitivo, otrora refugio del amor y apego al hogar; o los restos en los
solares, como un osario triste y olvidado de arquitectura tradicional, mortajas
de yesones, palos, y tejas: “refugio sagrado de la memoria, ese lugar al que
nuestros deseos ya nunca regresarán” (Filosofía verde. Roger Scruton. 2021).
Huyo de continuar escribiendo sobre un tema tan apasionante y basto -tan triste en estos términos- como la arquitectura popular de la Alcarria, o la propia Mancha, pues trato otra vez de acotar este escrito y centrar el interés en el proceso tradicional de transformación del yeso, dado los abundantes yesares y hornos tradicionales en Torrejoncillo del Rey que he venido descubriendo en mis paseos, y que ahora pasaré a inventariar y describir con la ayuda y guía imprescindible del estudio de la Dra. Vincenzina; pero para los curiosos que quieran profundizar en esta materia, recomiendo el libro “La arquitectura tradicional de la Alcarria Conquense. Valoración y rehabilitación”, del arquitecto Dº José Luis García Grinda, catedrático de la E.T.S. de Arquitectura de la U. P. de Madrid.
¡Dejémonos de cháchara, y comencemos el paseo! En la siguiente imagen indico las tres zonas en el entorno del pueblo por las que he estado buscando estas canteras exteriores para la extracción de la piedra caliza y los hornillos para su transformación. Son tres los parajes recorridos, muy cercanos y conocidos por todos, siendo estos los de la Mina de la Mora Encantada en Las Majadillas, Era Mata, Cementerio, y Pinchaires, al oeste; el Vallejo del Quemado por el este; y los parajes de Eras del Convento, San Roque, El Pozo Hondo, y Mancivera al sur. La ubicación de algunos de estos elementos auxiliares de la arquitectura popular es conocida por los mayores, que incluso algunos llegaron a ver en uso, o por las familias propietarias de los hornos semi-industrializados que aún recuerdan cómo este trabajo era el sustento de la casa, como así fueron los hornos de los “Chulos”: hermanos Cabello, y el de las familias de los “Patas” y de los “Manquillos”: Fernando Cuenca y Miguel Buendía, y que a continuación identificaré.
Para el resto de paisanos y paseantes sin un mirar curioso, es muy probable que estas construcciones tan antiguas pasen desapercibidas y sea ignorada su existencia dado la total integración con el terreno de estos elementos arquitectónicos, máxime teniendo en cuenta su estado de abandono y deterioro por el desprendimiento de sus paredes, y muchos cubiertos y camuflados entre la maleza invasora; cuestión ésta que modestamente con este trabajo pretendo evitar, ilustrar y dar a conocer este rico patrimonio con el que contamos, con el afán de que se tome conciencia de la importancia que hasta bien entrado el siglo XX tuvieron para la producción tradicional de yeso, no industrializada, suministrando hasta la incorporación e implantación de los nuevos materiales y técnicas, esta materia prima básica para la práctica totalidad de las construcciones del pueblo.
En esta primera zona, encontramos junto con la Mina de lapis
specularis de la Mora Encantada un hornillo casi desintegrado; otros tres dispersos
en la Era Mata; uno más tras las tapias traseras del cementerio municipal, a la
fachada norte de la ermita de Santa Ana; y el último, muy camuflado entre los
pinos, en el paraje Pinchaires, al pie de la ladera del cerro donde se encontraba
el huerto de Julio, “el Barbero”, hoy salvaje y agreste, huérfano del azadón
domesticador, ya próximo al arroyo del Hortizuela. Este último cuenta también
con cantera hermosa que ha sufrido algún desprendimiento, que hace peligrosa la
inspección sin la debida precaución.
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Horno de planta troncocónica, semienterrado, en Era Mata |
La segunda zona está a la salida del pueblo por la carretera hacia Huerta de la Obispalía, en el Vallejo del Quemado, donde se encuentran los restos del horno de la familia Buendía, junto con tres hornos más alineados según nos alejamos del municipio -dos de ellos están agrupados-, al pie del cerro de las Carrasquillas, a solana, pasada la vivienda de Mariano Briones en el margen izquierdo de esta carretera. Encontramos también en el paraje la existencia de canteras para la extracción.
Y por último la tercera zona, con un buen puñado de hornillos, pequeñas canteras, y abundantes eras, también, cómo no, abandonados y perdidos estos conjuntos de producción artesana; incluso en una de estas eras aún podemos observar la existencia de un gran acopio olvidado de rocas calizas preparadas para la transformación que nunca se produciría, como un túmulo inanimado de piedras yacientes, testigo atónito de la extraordinaria alteración del paisaje, ahora con nuevos molinos de poderosísimas aspas que dominan el viento en lugar de muelas machacadoras. Son los parajes de las Eras del Convento, de San Roque, El Pozo Hondo, y Mancivera.
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Horno de planta troncocónica, en San Roque |
Son un total de 15 los pequeños hornos localizados, generalmente de uso individual, familiar, o en mucha frecuencia mancomunada, donde un grupo de vecinos se unían y colaboraban en la elaboración del yeso, que compartirían finalizada las jornadas de duro trabajo, para empleo final en las obras propias, autoconsumo básicamente. Cierra mi inventario dos hornos semi industriales en el entorno urbano, destinados a la comercialización de yeso; y una fábrica en Horcajada de la Torre, emplazada en la falda del Cerro de la Cruz, pegada al río Gigüela, y a pesar de su condición industrial producía conforme a la transformación del yeso tradicional, que se caracteriza por poseer una composición muy diferente a la del moderno yeso industrializado como consecuencia directa de su proceso de producción. Estas tres instalaciones las detallaré y describiré más adelante.
Los hornos se encuentran en distinto grado de conservación,
aunque de manera generalizada en estado de ruina o semi ruina. Lo sorprendente
es que recuperarlos no sería una difícil y costosa labor, dadas las sencillas
técnicas constructivas, algunos fabricados en piedra en seco, y otros muchos
excavados o semi excavados en el propio terreno, donde con un sencillo trabajo
de limpieza y reposición de aquellos que cuenten con paredes de fábrica con las
propias piedras disgregadas del entorno, sería suficiente para su
rehabilitación, sacarlos del abandono, enriquecer el pueblo con este patrimonio
indefectible, y rescatarlo de la historia olvidada de Torrejoncillo del Rey.
El citado libro de José Luis García Grinda cuenta con un
bonito boceto de un típico horno de yeso tradicional como los que podemos
encontrar por el pueblo, y sin ánimo de excederme en cuestiones técnicas,
también aporto en este trabajo uno dibujos que aparece en el trabajo de la Dra
Vincenzina: “La diversidad tipológica de los hornos tradicionales de
calcinación de yeso en España (2020)”, muy ilustrativos sobre los aspecto constructivos,
funcionales y morfológicos de los estos hornos.
El proceso era muy sencillo, pero no por eso menos duro al
realizarse por medios manuales, pequeñas herramientas y utensilios simples, sin
mecanización, y sólo con la ayuda de las bestias de carga para los trasportes
de los materiales; y sin obviar que como todo proceso artesano requería de la
técnica y sabiduría adecuada que la sólo la tradición era capaz de transmitir.
Comenzaba esta elaboración con la extracción de las rocas en
la cantera mediante las famosas barrenas, varas largas de hierro que se
hincaban en la piedra a base de mazo, hasta que se producía el resquebrajamiento.
El empleo de dinamita también era común, principalmente por los propietarios de
los hornos semi industriales, y que hacían de este trabajo su profesión y
sustento. La dinamita, contenida en pequeños saquitos, se iba introduciendo en
los huecos dejados por las hincas, hasta rellenar la cavidad cilíndrica con estas
pequeñas bolsas demoledoras. Obtenida la piedra, tocaba una segunda labor de
rotura en la propia cantera hasta conseguir un tamaño adecuado del cascote que
facilitara la posterior colocación y encaje en el horno para configura el hogar,
además de facilitar el posible transporte si la yesera estaba alejada.
La piedra de yeso, una vez perfilada, se colocaba en el horno
conformando un hogar, una bóveda que se iba cerrando más y más hasta colmatar
el horno. Es aquí donde comenzaba el proceso de deshidratación. Con retamas o
escoberas, o la preciada leña principalmente traída desde la sierra de
Cabrejas, se realizaba la hoguera que debía mantenerse constante y viva durante
toda una noche, hasta que la mirada experta del yesero aseguraba la milagrosa
transformación de la roca en piedra deshidratada. Tras la quema, llegaba la
desmembración del horno para finalizar el proceso con la molienda y cribado. El
polvo de yeso y los cascotes eran depositados en sacos para la arriería y carga
en las mulas o en las galeras y traslado al pueblo.
Existen en la red numerosos videos que recrean esta
producción artesanal, son testimonios audiovisuales de gran valor,
interesantísimos, algunos de gran belleza y bien producidos, con implicación de
muchas asociaciones, centros de estudio, empresas de TV…, colectivos y profesionales
que han contribuido a mantener vivo el “duro y viejo oficio de yesero”, y que
como no podría ser de otra manera recomiendo su visualización para entender la
importancia de esta tradición. En la bibliografía de este trabajo aporto algún
enlace de estos vídeos, pero el Estudio Yeso tradicional citado, en sus páginas
de la 31 a la 35, relaciona muchos trabajos audiovisuales.
Emplazamiento del Horno de los hermanos Cabello, los Chulos, en C/Urbanos |
Antigua foto aérea del horno de la familia Cabello, en C/Urbanos |
Restos del horno de la familia Cabello, en C/Urbanos |
No catalogo este horno ya desaparecido, aunque de las antiguas fotografías me aventuro a describirlo como construido en mampostería, de planta circular y sección cilíndrica, de un tamaño mediano, sino grande, y semi excavado aprovechando el desnivel del terreno entre la calle Espolona y la antigua calle Honda. La molienda y criba se realizaba mecánicamente en el propio solar.
El otro horno urbano de comercialización del yeso era el de Miguel Buendía, “Manquillo” y Fernando Cuenca, “Pata”, compartido por ambos. Aquí sí quedan vestigios del horno, de mayor tamaño que los hornillos dispersos por el término del pueblo en las tres zonas descritas; restos que se han respetado ante las nuevas obras de rehabilitación de la antigua vivienda que la familia ha llevado a cabo recientemente, salvaguardando los restos arquitectónicos, como si de un tesoro se tratara. Estas dos instalaciones para la producción semi – industrial de yeso, si bien el proceso de producción en ellos también era artesanal, con las mismas técnicas tradicionales empleadas en la transformación descritas, la diferencia estribaba evidentemente en el tamaño, de mayor capacidad, pero fundamentalmente en la molienda, ya que ésta se realizaba mecánicamente, mediante molinos machacadores accionados eléctricamente o acoplados con junta cardan a motores de viejos tractores.
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Restos del Horno de la familia Buendía, en C/ Vallejo |

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Programa de la fiesta de Urbanos de 1962. Anuncios publicitarios de Yeserías en C/Urbanos, y C/Vallejo. |
Por último, tenemos la fábrica en
Horcajada de la Torre. En verdad no poseo datos de esta instalación, salvo el
reportaje fotográfico que hice moviéndome entre sus escombros, cascotes, y
restos. No he podido recabar más información, pero la edificación, en estado de
ruina, bien merece un estudio adicional y recuperarla para la historia
contemporánea de este pueblo. También dispone de cantera próxima, que erosionaba
la primera pendiente del Cerro de la Cruz, muy característica. Señalar que en
las pedanías como las de Naharrros también sé de la existencia de estas
instalaciones tradicionales, lo que nos da una idea de lo básicos y esenciales
que estos pequeños complejos mineros y de producción eran para la economía de
la zona.
Todos estos hornos para la transformación
tradicional del yeso, se localizan en su gran mayoría junto a pequeñas canteras, muy comunes y abundantes en
el pueblo dada la pertenencia de Torrejoncillo del Rey a la España yesífera.
Son fácilmente identificables, por lo general ubicadas en zopeteros, con cortes
a cielo abierto y a piedra vista, que destacan del suelo cubierto de la
característica vegetación gipsícola del término. Evidentemente todas las
halladas se encuentran sin actividad, como si después de una dura jornada de
trabajo, se hubiese parado el tiempo y las rocas aun esperaran la llegada de
los barreneros para extracción diaria.
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Fábrica y cantera de Horcajada de la Torre. |
Si nos acercamos y observamos con detenimiento a estos restos de yesares, podemos encontrar en muchos de las paredes señales por los métodos de extracción, como son los rastros que las hincas o barrenas de hierro dejaban al clavarse en el corazón de la roca hasta desquebrajarla para la obtención de sillares, o para el depósito del pequeño saquito de dinamita demoledora para la rotura del bloque en cascotes.
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Cantera, en el paraje del Cementerio, donde observa el rastro dejado por una barrena, y las caras de los sillares. |
Y en esta economía circular, al uso del lenguaje moderno, con
la extracción próxima o junto a los hornos para evitar en lo posible los largos
y costosos traslados de la pesada piedra, completaría este proceso eficiente y
sostenible la existencia en todos estos entornos de las eras para la molienda, última fase del proceso. La molienda se
realizaba mediante el golpeo de la piedra deshidratada con barras de hierro hasta
su desmenuzamiento, para posteriormente y en muchos casos pasar el rulo o
rodillo tirado por los mulos sobre la piedra menuda, hasta la obtención final del
preciado polvo tras el cribado con los cedazos. Todas estas eras que
encontramos alrededor del pueblo, también muy abundantes y algunas en muy buen
estado, como sabemos han sido utilizada para las labores propias del agro, principalmente
para el trillado de la mies y almacenado del grano hasta que una vez
suficientemente seco, se transportaba a los silos o harineras; pero en esta economía
de subsistencia, también eran usadas para la elaboración del yeso,
diversificando así su uso.
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Horno y era para la molienda y cribado, con rodillo al fondo, en Era Mata |
Por último, era muy frecuente encontrar en estos conjuntos de extracción y transformación, elementos auxiliares de gran valor como podrían ser los almacenes, o refugios para los yeseros, que durante las largas noches tenían que alimentar de manera continuada el horno de leña hasta que se produjera la deshidratación de la piedra de yeso, y de los que estas zonas que señalo del pueblo no están exentas de estas interesantísimas construcciones. Y cómo no, los sempiternos rodillos de aplanado y mantenimiento de las propias eras, también usados en el proceso de molienda. Paso a mostrar una serie de fotografías de los elementos que me han parecido más llamativos, y con las que me gustaría realizar una llamada desesperada a la conservación y rehabilitación antes de su total desaparición.
En 2020 se publicaba la nueva Ley 9/2020, de 6 de noviembre,
de Patrimonio de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que venía a
derogar la antigua de 1985 y el Decreto 104/1986 que desarrollaba esa Ley.
Hasta la fecha nos encontramos en la Comunidad sin un nuevo Decreto que
desarrolle esta norma básica, sin planes o programas ambiciosos, y evidentemente
sin partidas presupuestaria que la acompañen, y que en los pequeños Ayuntamientos
sin recurso suficientes, así como para los propietarios, promotores, mecenas…,
además de las enormes cargas administrativas y burocráticas, el colapso
urbanístico en los municipios donde la gran mayoría no cuentan con ningún
instrumento de planeamiento general adecuado, y sin perder de vista el
principio básico constitucional de la propiedad privada, hace muy difícil la
aplicación de los principios básicos de protección, defensa y conservación de
esta Ley de Patrimonio en CLM, encorsetando cualquier acción y que aboca al
ostracismo todos estos bienes.
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Chozo en Era Mata, junto a horno. |
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Rulo, en Era de la C/Vallejo, junto al horno de la familia Buendía. |
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Almacén, en Eras junto a carretera a Palomares del Campo. |
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Boceto de Horno y Aljez, de Jorge Mariscal. |
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Almacén en el paraje de la Mancivera. |
Son un total de 17 fichas técnicas, tantas como elementos he
visitado en este paseo que llega a su fin, y que dada su extensión las he
elaborado como un catálogo anexo a este trabajo. Este inventario fundamental no
sólo incluye mapas y fotos aéreas, y referencias catastrales para la
localización, sino que cataloga los hornos por sus aspectos constructivos,
morfológicos, y funcionales, así como describo su estado de conservación y
otras utilidades; y confío sea punto de partida y pueda ampliarse y mejorarse
con fichas de nuevos hornos y descubrimientos, o con la incorporación de más
datos y observaciones a los aportados por mí, con lo que animo a indagar y
buscar por el término más restos que estoy convencido existen diseminados por las fuente del Gigüela, a la espera de
que algún aficionado más los rescate del olvido, y consigamos entre todos
completar este inventario inicial.
De cualquier manera, con este fichero pretendo al menos -dado
que el estado de ruina y abandono en el que se encuentran estos hornos
tradicionales no permite ser muy optimista sobre su subsistencia o
recuperación- conservar en papel lo aprendido sobre esta tradición “yesífera” tan
arraigada en Torrejoncillo del Rey hasta la llegada de industrialización, y
como he tratado de exponer, sintiendo que el alma del pueblo es de aljez, tratar
con este trabajo el transmitir y mantener la cadena continua de donaciones y
recepciones, como una extensión de la
línea de conocimiento que nos obliga a la vinculación entre los que nos dieron
lo que tenemos y las generaciones futuras (Filosofía verde. Roger Scruton.
2006). También de aquí la importancia –y la urgencia- de ampliar este trabajo,
como un memorial inconcluso, con la recuperación de la memoria de los mayores
que vivieron esta experiencia, recopilando sus recuerdos y relatos, un bien
inmaterial que no puede faltar.
Por otra parte, dejando la filosofía a un lado y centrándome
meramente en la conservación de la tradición productiva y constructiva de
nuestro viejo país, confío modestamente con el trabajo haber rescatado del
olvido unas técnicas constructivas que son un signo de identidad de las
construcciones locales (…). De este modo, partiendo de su conocimiento, se
puede conseguir su puesta en valor y sobre todo su protección como signo de
identidad cultural de… Torrejoncillo del Rey (Estudio Tradicional del Yeso.
Dra. Vincenzina La Spina. 2016). Lo que no se conoce no se puede apreciar, con
lo que finalizo con la propuesta de creación de La ruta del yeso tradicional de
Torrejoncillo del Rey.
Sería un bonito proyecto arqueológico, arquitectónico, cultural y turístico, con recorrido por los arrabales del pueblo y su casco urbano enlazando todo este patrimonio yesífero -sin perder de vista el paisaje y la flora-, e incluso los antiguos pilones con sus grandes sillares de piedra caliza que mencionaba al inicio del texto u otro patrimonio cultural y etnológico: el silo, la Ermita de la Soledad, el Convento Franciscano (el vetusto edificio religioso destinado al estudio de teología, de finales del S. XVI, a punto de sucumbir la última reliquia, la de su Ermita de Ntra. Sra. de la Paz; claro ejemplo del desamparado almario de este país de aljez), y las construcciones tradicionales con los detalles de su arquitectura popular: enrejados, aleros, fachadas, acabados…; sería una interesante iniciativa popular, además estimulada por los dos recursos de La Mina de La Mora Encantada y el recién inaugurado sendero homologado PR – CU 119, y que contribuiría, no sin gran esfuerzo pues serían muchos los actores a participar hasta conseguir su logro, “a la recuperación de nuestra memoria colectiva” (Conversaciones con Miguel Romero Sáiz. 2022), y a situar el municipio de Torrejoncillo del Rey como un referente de la España yesífera.
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Propuesta de La Ruta del yeso tradicional de Torrejoncillo del Rey”. |
Torrejoncillo del Rey, Domingo de
Ramos, abril de 2022
Carlos
Cuenca Arroyo, es empresario y concejal del Ayuntamiento de Torrejoncillo del
Rey
BLIOGRAFÍA
https://centrodedescargas.cnig.es/CentroDescargas/index.jsp
https://www.sedecatastro.gob.es/
La
España vacía. Viaje por un país que nunca fue. Sergio del Molino. 2020 (Ed.
Turner Noema)
La
Danza de David ante el Arca. Orígenes Religiosos de la Danza. Vicente Malabia
Martínez. (Ed. Universidad CLM y del Ayuntamiento de Almonacid. 2006
La
arquitectura tradicional de la Alcarria Conquense. Valoración y rehabilitación.
José Luis García Grinda.
http://torrejoncilleros.blogspot.com/2016/10/libro-arquitectura-popular-de-la.html
https://www.gipuzkoa.eus/es/web/aintzinako-lanbideak/inicio
ESTUDIO
DEL YESO TRADICIONAL EN ESPAÑA. Yacimientos, canteras, hornos y la arquitectura
tradicional, su estado de conservación y propuestas de itinerarios visitables para
su revalorización y difusión. Dra. Vincenzina La Spina. Universidad Politécnica
de Cartagena.
La
diversidad tipológica de los hornos tradicionales de calcinación de yeso en
España. Dra. Vincenzina La Spina, y , C.J. Grau Giménez. (Informes de la
Construcción Vol. 72, 557, e334, enero-marzo 2020).
Guía de
La Mina Romana de LAPIS SPECULARIS de “La Mora Encantada”. Torrejoncillo del
Rey. Cuenca. María José Bernárdez Gómez y Juan Carlos Guisado di Monti. 2015
Filosofía
verde. Roger Scruton
https://www.youtube.com/watch?v=Lrz4vjfGXHU
http://www.culturaydeporte.gob.es/planes-nacionales/planes-nacionales/arquitectura-tradicional/actuaciones/estudio-del-yeso-tradicional-en-espana.html
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